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La Coctelera

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Categoría: 2006

18 Diciembre 2006

Mollendo: Sueño de Castillos

"Puedo imaginar el trajín constante de remolcadores, lanchones y vagones de tren, bajando y cargando mercancías y a los marineros colmando bares y comedores en una agitada e interesante vida social"


Hubo un tiempo donde el transporte marino fue crucial para el desarrollo de los pueblos. Un muelle del sur en particular, a mas de 1000 Km de la capital del Perú, por sus características portuarias y por el avance ferroviario que llevaron los constructores del Ferrocarril del Sur, alcanzó un gran desarrollo comercial.

A la altura del km. 968 de la Panamericana Sur tomamos un desvío de 56 km. que nos dirige a Mollendo; dicen que la ciudad, nació junto con el "Ferrocarril de Arequipa", por una decisión personal del ingeniero norteamericano Henry Meiggs, que a finales de 1800, la eligió como el puerto por donde se llevaría la preciosa lana de vicuña y alpaca, acopiada en Cusco y Arequipa, a Europa, así como el punto de partida para intercambiar mercancías con los demás pueblos del sur y Bolivia.


Será por eso, que al circular por sus calles, uno puede imaginar un bullicioso puerto, imaginar como llegaban inmigrantes norteamericanos, europeos y asiáticos junto con el crecimiento del comercio marítimo. Imaginar el trajín constante de remolcadores, lanchones y vagones de tren, bajando y cargando mercancías e imaginar a estos marineros colmando bares y comedores en una agitada e interesante vida social.


Aquí estamos, caminando junto a testimonios vivos de la bonanza de las primeras décadas del siglo XX, hermosas casonas alrededor de la Plaza Grau o de la calle Comercio, que antiguamente servían de oficinas consulares de Alemania, Inglaterra, Chile y Noruega, así como de viviendas de agentes de aduana, del Cable West Coast o del Lloyds de Londres, de oficiales de la capitanía y de prósperos comerciantes, como la casa Lomellini, ubicada en la esquina de Arica con Arequipa o la Villa Velásquez , que originalmente se llamaba Villa Corzo, hoy declarados monumentos históricos. En Mollendo, cada casa tiene su historia.


Felizmente sus autoridades están convencidas, que deben potenciar el balneario como recurso con vista al mar. Recientemente han remodelado el histórico malecón Ratti convirtiéndolo en un apacible lugar de recreo y descanso, así como 2 inmensos complejos de baños, en lo que antes era su piscina municipal. El regidor que nos acompaña, nos cuenta desde el malecón, que tienen el mas moderno parque acuático del sur del país, con piscinas para niños, adultos, restaurantes, primeros auxilios y principalmente sus 7 toboganes que se encuentran repletos de Mollendinos que las disfrutan y que nos invitan a visitar. Nos disculpamos cortésmente y le indicamos al regidor que preferimos caminar por sus playas.


Mollendo cuenta con 35 Km. de preciosas playas, nos habían hablado de Albatros, Las Rocas, Mejía, El Conto y Punta de Bombón, pero como solo caminaremos por las que estan bajando el malecon nos sorprendemos que aqui las playas esten numeradas, pero la siguiente sorpresa fue mas fantástica que la primera, entre la segunda y tercera playa, sobre un peñón, junto al mar, encontramos un castillo, el castillo Forga.


El ícono representativo de Mollendo, fue construido por el ciudadano español José Miguel Forga, empresario en lanas e hilados, dueño de la Fabrica textil “El Huaico” en Arequipa. Este edificio que brilló en su época, fue escenario de fastuosas fiestas a la que asistieron personajes de élite, tocaron orquestas famosas y se bebieron los mas finos licores, dicen que el millonario instaló allí a sus hijas, bellas aristócratas, afrancesadas y que murieron solteras porque no hubo ningún mollendino con méritos suficientes para aspirar a sus manos.


Echado sobre la arena con el castillo Forga frente a mi, pienso en mejores tiempos para este hermoso balneario. Pienso que al ser el final de la carretera interoceánica, es decir puerta de salida de productos de Perú, Brasil y Bolivia hacia el mercado asiático puede devolver los tiempos de bonanza de principios de siglo, imagino al hermoso castillo restaurado y convertido en albergue para cientos de turistas y comerciantes prósperos. Soñar no cuesta nada y Mollendo la pintoresca urbe de hermosas callejuelas y viejas casonas lo invita a imaginar y soñar.

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31 Octubre 2006

Sicán: El templo de la Luna


El viento sopla muy fuerte a esta hora de la tarde, tan fuerte como el sol que nos quema sin piedad, sol que pinta de color dorado esta hermosa caleta, final de un día lleno de paisajes, de gente amable, sabrosa comida pero en especial de historia.

Estamos en la caleta Santa Rosa, a 1 hora aproximadamente de Chiclayo, son las 6 de la tarde, el cielo es azul profundo y las viejas embarcaciones llenas de color descansan en la playa, algunos curtidos pescadores arreglan sus redes mientras caballitos de totora, de pie en la playa, componen el paisaje. Una pareja tomada de la mano camina por la orilla, es que cae la tarde y se torna romántica. Aquí no hay palmeras, ni resorts, ni restaurantes de lujo, pero la caleta, igual, nos parece paradisiaca. En el malecón, pequeños negocios de comida ofrecen toda la sabrosa variedad de la gastronomía chiclayana.

Nuestra aventura empezó a las 8 de la mañana, nos dirigimos a Ferreñafe a visitar el museo Sicán, que significa, en la antigua lengua Muchic, “El templo de la Luna”.
Sicán, fue también el nombre de un grupo de templos antiguos, situados en lo que en la actualidad es el Santuario Histórico de Pomac; reserva cultural y ecológica ubicada a 20 Kms al noreste de la ciudad de Chiclayo, en la ex-hacienda de Batan Grande y ahora distrito de Pitipo en el valle de La Leche.

El museo, es parte del Proyecto Arqueológico "Sicán," dirigido por el Dr. Izumi Shimada. Es un edificio de forma truncada, inspirada en los monumentales centros ceremoniales Sicán.

Al atravesar su fachada vidriada, ingresamos a un lobby que nos lleva a la segunda planta. Junto con nosotros ingresa una delegación escolar, un enjambre de buzos verdes y amarillos que con bastante orden y bien controlados por los guías del museo reciben un baño de historia y cultura local.
En el segundo piso, nos llama la atención la escenografía de un entierro de un hombre encontrado de cabeza, pero es mayor nuestro asombro cuando entramos al ambiente donde se encuentran las máscaras y tocados característicos de la orfebrería Sicán.

El personaje principal usaba una gran máscara de oro de 14 quilates, de ojos alados hechos con ámbar y cuentas de esmeraldas. Nos cuenta la guía que se encontró una caja con 60 ornamentos y parafernalia ritual (coronas, vinchas, sonajas) de oro de alto quilate y plata. Además, una litera cubierta con láminas doradas y 80 kg. de cuentas hechas de amatista, cuarzo, ámbar, turquesa, sodalita, crisocola y concha Spondylus. Evidenciando la presencia de una red de intercambio a larga distancia entre la costa ecuatoriana y la costa norte peruana. Por ello, esta zona fue por muchos años tierra de huaqueros. Los residentes de zonas aledañas hablan de la huaquería con mucho temor, reverencia y fascinación; se enorgullecen de haber visto “toneladas” de oro y otros objetos de metal huaqueado.

En esta ocasión nuestra crónica termina aquí, en nuestra libreta se quedan los apuntes para una segunda entrega, el día continuo con las visitas a las pirámides de Túcume y los museos de “Brunning” y el extraordinario “Tumbas Reales de Sipán”.

Ahora, como les contábamos al principio, el fuerte viento característico de la tarde Chiclayana nos golpea el rostro, nos guarecemos en uno de los huariques del malecon acompañados de mucho calor norteño. Nos traen la deliciosa tortilla de raya que devoraremos mientras muere el día en la caleta. Venga no se arrepentirá.

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27 Septiembre 2006

Los herederos del imperio Chimu

Acabada nuestra semana de trabajo, nos despedimos de la estresante oficina hasta el día lunes y subidos con toda la familia en la camioneta 4 x 4 nos dirigimos al norte del país. Esta será una aventura a 560 km de Lima, viajando a través de la Panamericana Norte hasta llegar a la hermosa ciudad de Trujillo, capital de la Marinera, conocida como la ciudad de la Eterna Primavera.

Luego de 8 horas de viaje y ya entrada la noche arribamos a Trujillo. Un pequeño recorrido por la amplia Plaza de Armas, nos permite apreciar la Catedral y las armoniosas casonas virreinales y republicanas. El bello monumento a La Libertad se ubica en la parte central de la plaza y muchas personas circulan por ella y descansan en sus bancas. La oferta en infraestructura turística esta al alcance de todos los bolsillos, así que cansados por el viaje nos instalamos en el hotel, para continuar nuestro viaje playero el día de mañana.

Trujillo es una ciudad de origen español, fue fundada a pocos kilómetros de la gran ciudadela de Chan Chan, por Diego de Almagro en 1534, en un valle de gran hegemonía cultural. Chan Chan, la ciudad de barro mas grande del mundo, fue la capital del imperio Chimú, se encuentra a sólo 10 minutos de Trujillo, un desvío en la carretera que lleva a Huanchaco, nos interna en parte del complejo que ha sido puesto en valor para que los turistas podamos conocer como vivían las sesenta mil personas que se calcula vivieron en los 20 km2. que conforman Chan Chan. Los muros están decorados con hermosos frisos de figuras geométricas que simulan redes de pesca, olas, peces, parihuanas y seres mitológicos que nos hablan de su modo de vida tan unida al mar.

Nuestro viaje continua, llegamos al balneario de Huanchaco, antiguas casas de playa forman el amplio malecón que alberga a una gran variedad de artesanos que ofrecen lindos souvenirs marinos, así como ropa y accesorios para surfistas. A lo largo del malecón se encuentran también, un gran número de restaurantes que ofrecen platos típicos a base de los más variados pescados y mariscos recién salidos del mar. Se dice que en el norte está el "buen gusto" y aquí es fácil comprobarlo. No hay restaurante o picantería que no ofrezca platos "bien servidos" y de fácil acceso a los bolsillos.

Luego de haber devorado la gastronomía norteña con un almuerzo inolvidable, y alargar la sobremesa acompañada de marineras, música criolla y heladas cervecitas, contemplamos el mar y es justamente en el mar donde encontramos la herencia fundamental de las culturas Chimú y Mochica, el símbolo representativo de su identidad, los caballitos de Totora, antiguas embarcaciones que apreciamos desde los ceramios mochicas y los decorados Chan Chan.

Los actuales pobladores, como Alfredo Ucañan con quien conversamos en la playa, herederos de los chimúes y mochicas arman en la playa los caballitos de mar con el material que da nombre a esta antigua caleta de pescadores. Sí, son los totorales, los humedales, los balsares, aquellos que en la antigua lengua de la zona se les llama "wachakes", que ahora castellanizada por el paso de los años, da su nombre a este mágico lugar: Huanchaco, uno de los últimos reductos de los caballitos de totora.


Los pescadores maniobran con destreza única, las balsas que regresan llenas de peces de nuestro rico mar peruano, con peces que mañana estarán en una fuente de jalea o en un picante ceviche o en piqueos ofrecidos en los bares y pubs que ya empiezan a abrir sus puertas para ofrecer sus ofertas nocturnas a jóvenes turistas nacionales y extranjeros, continuando con el ciclo de vida propia de este concurrido balneario.
Cae la tarde, incrustadas en la arena de esta milenaria caleta de pescadores reposan las siluetas de estas embarcaciones de totora para formar la postal que nos llevaremos con nosotros.

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19 Agosto 2006

Aisatipoki (los que siguen llegando)


Hace unos minutos navegamos por el río Perene, los aullidos de los monos y cantos de los guacamayos se mezclan con el motor de la pequeña lancha que ahora pasa por unos pequeños rápidos mientras surca el río Tambo en un viaje de 4 horas hacia la comunidad de Coriteni Tarzo

Viajar a la selva central, es en si misma una gran aventura, subir por la carretera central hasta superar los 4000 metros en Ticlio, empezar el descenso para internarnos en la selva atravesando diferentes pisos ecológicos, Tarma, La Merced, Mazamari, hasta llegar a la provincia de Satipo, en la región Junín, exóticas tierras que albergan desde tiempos inmemoriales a las comunidades asháninkas.

La alcaldesa de Satipo, María Victoria Quevedo, nos da la bienvenida con un cafecito recién pasado y jugos de frutas frescas. Son las siete de la mañana y nuestra comitiva esta formada por los muchachos de Andex expediciones y de Perú Bike, quienes escuchamos de Raúl Dionisio, guía de la comunidad de Puerto Ocopa, la presentación del programa a seguir.


Una caravana de 3 taxis recorre los 54 km que nos separan de Puerto Ocopa, la cancha de fulbito de la comunidad llena de granos de café nos hace abrir los ojos del asombro. Aqui se ubica la misión de los franciscanos, donde destaca la virgen vestida con chusma, traje típico de la zona, minutos mas adelante se encuentra Puerto Chata, puerto fluvial del río Perene, de donde partiremos en lancha a una de las 40 comunidades asháninkas que pueblan las riberas del río Tambo.


La primera sorpresa en nuestro viaje es atravesar el lugar donde se unen los ríos Perene y Pangoa para formar el caudaloso río Tambo, en sus riberas la espesa vegetación selvática nos regala diferentes cantos y chillidos de animales impensados. Aún no llegamos y Raúl detiene la lancha, ingresamos a la exuberante vegetación, los muchachos de Andex dictan charlas sobre como guiar turistas a futuros guías locales, antes de iniciar una caminata de 45 minutos, fácil y sencilla pero llena de verdor y de vida, que nos conduce a las cascadas de Meretani y a su tobogán natural hecha por el agua en la roca, donde los expedicionarios nos refrescamos del calor de la caminata.


Al final de la tarde llegamos a la comunidad de Coriteni Tarso, nos recibió el jefe de la comunidad, quien llego casi al mismo tiempo que nosotros pues había salido al monte a cazar venado para la cena. Instalamos el campamento y cenamos, carne de monte, pescado de río y deliciosas yucas. La noche fue mística y misteriosa, sentados alrededor de la fogata escuchandos leyendas ancestrales, del Tunche y sus andandas, de males asociados a embrujos y de curas milagrosas por chamanes conocedores de la remota sabiduría asháninka.


El amanecer en la selva es mágico. Amanecimos en una playita a la ribera del río Tambo, muy cerca del bosque, donde las ranas cantaron durante la noche en un arrullo indescriptible. Amanecer con caldo de gallina y yucas sancochadas, junto con las sonrisas de niños que nos observan con curiosidad y nos expresan su alegría con un “kametza pimpoke” (Bienvenidos amigos)


A una hora de caminata desde Coriteni, se ubica la catarata de Koari, perteneciente a la comunidad de Mazaroveni, nos internamos en la selva siguiendo el cauce del río, sorteando piedras resbalosas, trepando muros de rocas, surcando trochas, recorriendo exóticos paisajes irrepetibles en la memoria. La caída de agua es impresionante y nuestro asombro también. Sin embargo, a pesar de lo maravilloso de todo este espectáculo natural tenemos que regresar, la lancha atraviesa nuevamente el río Tambo, en su camino de regreso, ingresa al Perene y finalmente llega a Puerto Ocopa, donde pasamos la noche.


¿Se animó a hacer la ruta? Aun no ha terminado. A la mañana siguiente llegamos a Satipo, nos espera la señorita Lesli Blanco, señorita Selva Central y Miss Satipo quien nos guió a dos cataratas, la de los monos y la del Gallito de las rocas; esta última, hermosa caída de mas de 20 metros llamada así por la presencia de dicha ave en cuevas y colpas aledañas. Visitamos plantaciones de café, las pinturas rupestres de Huanacaure, así como el Museo Callegari, que alberga testimonios de colonos, artesanías, aves disecadas, plantas exóticas y mariposas. Venga no se arrepentirá, en la selva los espíritus viven y están más cerca de lo que usted se imagina.







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3 Agosto 2006

Color bendito color

Hace un par de años me quede en Lima en el aniversario patrio y escribí esta crónica. Este año nuevamente por diferentes razones, no viaje a ninguna parte, así que, la crónica de alguna manera se reactualiza

Amaneció tan nublado como de costumbre, el cielo gris de nuestra Lima no nos permite que uno se levante de buen animo, como si fuera un mensaje celestial o algo así, como si esta ciudad estuviera predestinada a la inacción, ¿levantarse?, ¿para que?

Debe ser por eso que todos los años, los limeños buscamos huir de aquí, debe ser por eso que mi alma serrana se inclina por un cielo celeste en las alturas, por un valle verde o un paraje lleno de ichu, coronado de picos helados y con un viento frío que se mete por entre las ropas, pero rodeado de los amigos de siempre.

Hoy en cambio es 29 de Julio, no he salido de Lima y por el contrario estoy caminando por el corazón de esta ciudad, por el centro de Lima, sector de la ciudad a la que voy absolutamente por necesidad. Estoy pisando las calles que casi nunca piso y confieso que experimento sensaciones que no conocía y confirmo otras de las que estaba convencido hace algún tiempo.

He tomado un minibus y he bajado en la plaza Grau, curiosamente no he visto ni "putitas", ni "pirañas", será tal vez por el feriado, será que aún es muy temprano y “no hay clientes pa’ trabajar”. Camino por la calle donde se encuentra el Palacio de INjusticia y el hotel Sheraton, a propósito ¿alguien sabe como se llama esa calle?, en la berma central hay bastante gente trepada sobre las esculturas del indio con su yunta, del puma, o el león o el cóndor; la gente se toma fotos, yo sonrió, si no fuera por el día nublado, diría que es un bonito día para hacerse fotos, hay pocas personas y no hay marchas, ni pancartas, ni abogados desocupados, ni "tinterillos", ni tramitadores de Azangaro (que para el caso son “casi” lo mismo) y recuerdo que no tengo ninguna foto ahí, tengo alguna foto infantil, en blanco y negro, en el parque Cánepa, en la plaza San Martín, en la puerta de “Scala” con mi monopolio y abrazado de Papa Noel, pero no tengo subido en el Puma y siento que debería venir un día feriado, pero con sol a tomarme esas fotos.

He tomado la calle por donde esta el centro cívico, por donde eran o son las oficinas de SUNAT (recaudacion de impuestos), es que esta gente cambia tanto, que nunca sé, si realmente se mudaron o siguen ahí, he tomado la calle por donde te abordan infinidad de sujetos ofreciéndote sofwares, juegos, DVDs, hoy hay sólo uno que de lejos nos ofrece “señor softwares” y me tomo la libertad de cortesmente decirle que “no gracias” pero el tipo ya ni me mira, como si hubiera leído en mis actitudes que no pensaba comprarle nada.

Siempre he sentido que Lima es deprimente, pero caminando por estas calles la siento más, este cielo que desanima, sus edificios grises también, los pocos que tienen color están llenos de smog, cubiertos de gris, sus calles están sucias y la gente se viste de gris, de negro, de marrón, de azul marino y extraño el celeste cielo de las alturas, los múltiples tonos verdes serranos, y los hermosos rojos de las cholas pollerudas.

En una esquina hay un restaurant parrillero, recuerdo haber venido muchas veces con mis padres y hermanos. Hace años, un domingo cualquiera, papá nos sacaba al cine República, donde una señora amiga de él nos obsequiaba un chocolate rojo, triángulo, antes de entrar a ver la película y a la salida era casi una obligación entrar a aquel restaurant y comer pollo a la leña, es que a pesar que habían muchos tipos de carne, nosotros pedíamos pollo, debió ser por eso del alma serrana que dije hace un rato.

He tomado la calle Belén, para llegar a la plaza San Martín, aquí, si hay gente, muchos están tirados en el suelo haciendo huelga de hambre, el Hotel Bolivar esta cerrado y nuevamente lamento no haber fotografiado este lugar antes del cierre. El jirón de la unión esta repleto, terrible, todos circulan, de un lado al otro, nadie se detiene, nadie aprecia la hermosa arquitectura, nadie levanta la cabeza para verla, ¿será por que el cielo es gris y la gente prefiere mirar hacia abajo?.

He llegado a la plaza de armas, he visto la pileta que reemplaza a Pizarro, he ido a la plazuela de Chabuca Granda (pobre Chabuca) y el mar de gente me ahoga. He deambulado por el correo y al llegar a la iglesia de Santo Domingo, he ingresado a una casona antigua donde han hecho un mercado artesanal y he sido feliz nuevamente. Por fin veo, ropas de bayeta, color, bendito color, el barro transformado en arte, en piezas de Quinua, Chulucanas, Cuzco. Tejidos de lana, de oveja, de alpaca, hermosos mantos cusqueños y alfombras de San Pedro de Cajas, la música me lleva a esos parajes que hoy no puedo ir, me he comprado 200 grs de Huayruros y los he acomodado muy cerca de mi, en mi mesa de noche. Espero contemplar este poquito de color todos los días en lugar de este cielo color panza de burro.

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25 Julio 2006

Aves

No soy un especialista en fotografia de Aves, pero me pidieron unas imagenes para la edición de un libro. Ademas de unas Parihuanas que envie hace una semana, seleccione estas. Espero les guste.

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26 Mayo 2006

El Valle del Mantaro

El valle del Mantaro esta delante mío, lo contemplo mientras el río esta sobre la margen izquierda, levanto la cámara y hago una foto, un nuevo encuadre, un nuevo clic y luego otro. No bajo la cámara, miro el valle a través del lente, el río, los árboles y sembríos, las texturas, los colores. Siento una mezcla de recuerdos, infantiles, adolescentes y juveniles, me veo jugando al borde de un cerro de trigo, tengo un cernidor en la mano y mamita Imelda esta conmigo en su zaguán, ambos cernimos el trigo, el cerro de trigo que llevaremos al molino mas tarde para convertirse en harina. Ella me mira con cariño, yo le sonrío y contemplo sus trenzas, será por ello que siempre recuerdo sus trenzas. Me permite jugar con el trigo mientras mi abuelita trabaja en ella, “así no papito –me dice– haz así” y miro curioso sus manos callosas, manos curtidas por el diario trabajo de mujer de campo.

Un grito dirigido a mí, me regresa al trabajo, “ya falta poco para el cañón”, grita el maquinista y a los pocos minutos estamos uniendo dos cerros a través de las rieles del tren, debajo el Mantaro.
Pensé ver un cañón mas grande, pero la sensación de tener al río debajo mío y que luego estará sobre la margen derecha es mágica. Nuevamente el obturador de mi cámara empieza a trabajar, he hecho varias imágenes, quisiera seguir haciéndolo pero no hay mucha película y me han encargado que cuide el material.

Siento el bamboleo del tren y como el viento frío me da en la cara, miro hacia la derecha, hacia el río y una mancha de flores amarillas me recuerda Semana Santa. Hace muchos años, tío Guido, miembro de la hermandad del Santo Sepulcro nos envió a su hijo Lucho y a mí a recoger flores de retama para la alfombra de flores que haría la hermandad. Tomamos un micro que nos alejo de la ciudad, era un poco mas de las tres de la tarde, llovía y caminamos por una trocha llena de barro. La gente nos observaba y huían, corrían a sus casas. Algunos niños nos veían a través de la hoja superior de sus puertas, hasta que sus padres los metían adentro y las cerraban, vi miedo en sus ojos y escuche algunos llantos, pero mi juventud no entendía lo que pasaba. “Lucho, porque se esconden” pregunte. Pero mi primo que recién se daba cuenta del miedo de la gente, me dijo que no sabía. Llegamos al río, recogimos casi un costal de flores de retama y regresamos a casa, en el camino de vuelta, no había gente en el barrio, pero observe las pintas rojas, las hoces y martillos, las arengas a la lucha armada y comprendí el miedo de esa gente y sentí miedo, la aromática flor de retama siempre me recuerda ese miedo.

Delante de mi un nuevo túnel, uno más de los trentaitantos túneles que recorren el tren macho en su ruta de Huancayo a Huancavelica, sólo que esta vez no estoy en el vagón, luego de fotografiar al maquinista, éste me permite salir de la cabina y ponerme en la punta, llevo media hora fotografiando el valle del Mantaro desde aquí. He pasado el cañón y he visto a través de las rieles del tren, el río y sus dos márgenes. Han pasado tantas imágenes como recuerdos en esta media hora, pero ninguno como este túnel. Soy niño nuevamente, algunas lágrimas recorren mis mejillas y estoy nuevamente sobre las faldas de mi madre, ella me dice: “agáchate, agáchate, que viene el túnel” y me agacho y sonrió con esa risa infantil, inocente y dulce. El tren recorre el túnel, mientras recorren mis recuerdos y lloro feliz. Estamos por salir del túnel y estoy en la punta del tren, abro los brazos como Leonardo Di Caprio y soy feliz, muy feliz. El aire frío de la serranía y un penetrante olor a Eucalipto me recuerda que hay fotos que hacer y que estoy trabajando.

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25 Mayo 2006

El Apu Pariacaca

En el Perú, no todo es Inca. El imperio incaico que ocupo casi toda sudamerica duro tan solo 100 años. Antes de ellos existía una rica cultura poco conocida en el extranjero, como "los sachapuyas" donde Kuelap es uno de sus grandes emblemas o "los moches" que ahora se conoce gracias al Señor de Sipan.
Los incas sometieron a estas culturas y las unieron a su vasto imperio a traves de un articulado sistema de vias, llamado el Capac Ñan. Uno de ellos unía Cuzco con Lima. Todos ellos atravesaban partes altas (sobre los 4000 msnsm) y en cada uno habían Apus (cerros protectores) a quienes se les levantaba centros de adoración.
En Abril, junto con 2 amigos fuímos a Pariacaca, en la sierra de Lima, este fue uno de los dioses mas importantes de los pobladores de Yauyos y Huarochiri, actuales provincias limeñas.
Comparto con ustedes algunas fotos.
Luis

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Lima, Perú
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Mi nombre es Luis Yupanqui, tengo 44 años, soy peruano y vivo en Lima. He estudiado Arquitectura, Fotografía, Marketing y Diseño Publicitario. Trabajo como reportero de viajes, haciendo crónicas y fotos para diferentes medios de prensa de mi país.
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