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La Coctelera

Categoría: 2008

Recuento de viajes: 2008 (2da parte)

"El fotógrafo no pasa desapercibido, así que la mejor cámara que debe llevar siempre colgando, conectada y lista para disparar es su actitud y su sonrisa".

En junio en medio de bloqueo de carreteras, paros regionales y nacionales nos toco hacer el viaje a la cordillera del Huayhuash para hacer unas fotos requeridas por Promperú, mis compañeros de viaje fueron Alex Giraldo y Carlos Paúcar con quienes llegamos hasta el pueblo de Queropalca para de ahí partir a caballo hacia el gran nevado Yerupajá.

 

 

La Dircetur Huanuco nos llevó al reino de los Yarowilcas en el mes de julio, a visitar los restos arqueológicos de Susupiyo y Piruro pertenecientes a Tantamayo, así como el gran templo inca de Huanucopampa en la provincia de Dos de Mayo, reportaje que fue publicado por la revista "Somos" del diario El Comercio. Fue una experiencia única, diferente, con grandes caminatas y visitas a caballo a alturas insospechadas, con un gran grupo que hizo que el viaje sea entretenido, la ida, con no se cuantos golpes en el cuerpo (maldita combi) y en el retorno, con las despedidas, la juerga y hasta el enamoramiento (sino pregúntenle a Puelles y a Bellido, jajajaja)

 

 

 

El valle del Mantaro celebra en fiestas patrias la fiesta de la Herranza o la marcación de los animales y este año fui para hacer el reportaje al pueblo de Huancán al sur de Huancayo, mucha tradición, mucho baile y mucha cerveza como en todas estas fiestas del centro del país.

 

 

 

Nuevamente cubrir una comisión de Promperú me lleva al norte del país, los destinos en agosto fueron, Kuelap en Chachapoyas y las huacas El Brujo, La Luna, Arco Iris y el complejo arqueológico de Chan chan, todas en La Libertad.

 

 

 

La experiencia de más de 10 días de viaje fue aventura pura, el puente "Corral Quemado" que nos llevaba a Chachapoyas estuvo tomado por los aguarunas por lo que Tania y yo tuvimos que dejar a Alex y cruzar el puente caminando en medio de lanzas y rostros pintados, por momentos corríamos porque existía la amenaza de que cerrarían el puente y no podríamos pasar.

Kuelap nuevamente fantástica, La Luna, Arco Iris y Chan chan ya las conocía pero pisar El Brujo y contemplar sus frisos fue fabuloso, además porque nosotros teníamos permiso de ingresar donde normalmente no ingresan los turistas por lo que el material hecho era único.

 

 

 

En setiembre visite Huanuco una vez más, pero esta vez fue para recorrer Tingo María. El clima no fue el mejor, estuvo nublado en muchos pasajes del día pero la visita a un vivero nos dio unas lindas fotos de orquídeas así como la visita a una cooperativa cafetera nos permitió conocer de la ata de café y de la producción de café orgánico.

 

Octubre me quede en Lima, un sábado en la mañana me fui a jugar fulbito y en una tonta jugada intrascendente me rompí una costilla, resultado inmovilidad un mes, "Señor Yupanqui usted no puede viajar", fue la sentencia de la doctorcita y no me quedo mas remedio que hacer caso.

El Somos Premium Nº 2, publicación del Comercio iba a sacar para el mes de Diciembre un especial de playas para lo cual tuve que viajar en noviembre al norte chico, en un viaje de fin de semana visite, Supe y Huarmey, no tuve el sol que hubiera querido y como tampoco se había iniciado la temporada de playas no había gente, eso le dio el toque de playas vírgenes casi no frecuentadas visitadas sólo por conocedores que fue lo que hilvano la crónica fotográfica.

 

La primera semana de diciembre y nuevamente por Promperú viaje a Chiclayo y de ahí a la reserva del bosque de Pomac, cuna de la cultura Sicán, para hacer fotos de avistadotes de aves. Así mientras los avistadotes fotografiaban a los pajaritos cantando en los bosques de algarrobos, yo los fotografiaba a ellos en sus poses inusuales, sus reconocimientos en sus guías, con sus sofisticados equipos y su ropa de camuflaje.

 

Este ha sido un pequeño recuento del año 2008, me sirve además de compartir con ustedes mis amigos y lectores para medir mi avance en esta mi pasión que significa viajar por mi Perú y hacer reportaje de viajes.

 

Nos vemos en la ruta.

 

Recuento de viajes: 2008 (1ra parte)

“El fotógrafo no pasa desapercibido, así que la mejor cámara que debe llevar siempre colgando, conectada y lista para disparar es su actitud y su sonrisa”.

“Capas a la Huacaína”, fue el título con el que la revista “Somos” publico el artículo sobre la fiesta de la Huaconada. También lo publique en la revista “MICASA” y en mi blog.

Les extraigo un párrafo para este recuento: “El látigo corta el viento y suena al golpear mis tobillos, siento el golpe, es casi un saludo. El danzante se aparta un poco y abre sus brazos y con el mismo sonido gutural con el que me llamó, me desea feliz año. Es el primer día del año 2008 y estoy en la fiesta de la “Huaconada” fiesta milenaria de control social que se celebra todos los años entre el 1º y 3 de enero en el pueblo de Mito, en la provincia de Concepción en el valle del Mantaro".

En febrero nuevamente estuve en Junín, tierra de mis padres, la idea era internarme en un pueblo del sur de Huancayo de donde es originario el Huaylarsh en su manifestación más pura, fui a Viques y a pesar que yo no bailo Huaylarsh ni un poquito, sentí como se me erizaba la piel al meterme con mi cámara en medio de tanto salto y tanta manifestación de alegría.

Subí a las alturas de Castrovirreyna, a internarme en un socabón a 5000 msnm por primera vez en mi vida. Ingrese a tres minas, cada una mas alta que la otra hasta completar 3 días de trabajo, en medio de un frío intenso incluido 15 minutos de oxigeno antes de irse a dormir. Amanecía con nieve, durante el día el sol era tan fuerte que la derretía como para que se vuelva a formar la capa de nieve durante la noche.

“Escape al norte”, es el título del reportaje, publicado por el “Somos Premium” Nº 2, donde la foto abridora es uno de los atardeceres mas hermosos que ha capturado mi cámara en Supe puerto, en la playa del complejo arqueológico de Áspero, este nombre junto con el de Vichama son seguramente nombres que nunca han escuchado, ambos son restos arqueológicos que forman parte del área de influencia de la civilización más antigua de América, Caral-Supe.

Contemplar el pago a la “Mamapaccha” en aquella noche de marzo, viendo como la sacerdotisa ingresaba al mar fue tan extraordinario como saber que hace sólo tres años, en el 2005, se tuvo que remover 9 hectáreas de basura moderna para poder “descubrir” esta antigua ciudad pesquera.

Conocía la andenería de Andamarca (Ayacucho), pero en abril conocí dos lugares que le hacen la competencia como la mejor andenería del Perú, ambas están en la región Nor Yauyos, son las de Laraos y las de Carania, hasta ahí, tuve la ocasión de viajar acompañando a Marco Arenas, encargado de la reserva paisajista Nor Yauyos Cochas. Tuve la ocasión además de fotografiar la destrucción de un metro de camino inca por la empresa constructora que sin estudio previo uso el área como cantera, aunque la empresa quiso minimizar el hecho las imágenes sirvieron para que luego reconocieran el error y se comprometieran con impactar lo menos posible el área.

Abril me lleva nuevamente a Huancayo, la ciudad incontrastable, a 3.249 m.s.n.m. y capital del departamento de Junín, voy para escribir la crónica mensual que publicare en la revista MICASA y que también publicare en el blog, les extraigo un párrafo:

“camino por el mercado y voy preguntando a cuanto poblador se cruza por mi lado, ¿donde tomo el colectivo para Aco?, “mas allá papá”, me contestan, pero hace dos cuadras que camino más allá y más allá y no encuentro el bendito colectivo. Por fin llego al paradero, una señora de pollera y gorra de lana me indica que ahí no más paran, en la calle no más, y subo al colectivo estacionado que me llevará a las alturas de la provincia de Concepción donde se encuentra Aco, famoso poblado de artesanos desde tiempos inmemoriales, especializados en hacer las mejores ollas, tostadoras y porongos de la sierra central”.


Antioquia y sus historias de cuentos dibujadas en sus paredes con espíritus santos, caballitos, flores y manzanas, fue lo que me toco narrar y escribir en estas paginas, además de recorrer parte del camino inca que baja de la sierra, del gran Pariacaca para unirse con el otro gran Apu de Lima como es Pachacamac.

Pueblo de gente amable, que a revalorado sus terrenos y propiedades con sólo un valor agregado, dar hospitalidad al visitante, sus casitas pintadas cual retablos y las personas, agricultores de manzanas, membrillos y citricos dispuestos a ofrecerte lo mejor de sus vinagres, conservas, mieles y mermeladas.

“Agazapado bajo una roca, observo como el viento ondea el sembrío de cebada mientras un muchacho arequipeño, cual alma que lleva el diablo, corta el cerro verticalmente y brinca, a lo Alfonso Ugarte, mientras él continúa su carrera muchos paisanos y citadinos lo miran boquiabiertos de asombro”.

Este es el primer párrafo con el que empieza el reporte publicado en el suplemento “Vamos” del diario el Comercio de mi visita en Mayo de este año a la provincia de Espinar en el departamento del Cusco.

Regresaba a Cusco después de varios años, aunque a una provincia diferente, donde encontraría nuevos paisajes, nuevas aventuras y nuevos amigos. La experiencia fue enriquecedora, sin olvidarme del fabuloso lechon de cordero que ojala pueda degustar nuevamente el 2009. Gracias James y a todo tu equipo.

Hay muchas historias mas que contar que sucedieron durante el 2008, espero tengan la paciencia como hasta aqui de esperar un segundo envio para concluir el año. Les deseo lo mejor, que todos sus planes y proyectos se cumplan y que podamos seguir conociendo nuestro Perú.

LA BENDICIÓN DE LOS APUS

El despertador del reloj digital de Renzo empezó a sonar, desperté bruscamente no acostumbrado a ese sonido, me recosté en la cama, di algunas vueltas en ella y maldije repetidamente a Renzo que ni siquiera había pestañado, eran las 4.30 de la mañana y debíamos estar en media hora en el paradero.

Todavía dormitando y con las mochilas en las espaldas, caminá - bamos por las calles empedradas hacía la esquina de donde la movilidad debía recogernos. Algunos pasajeros tomaban “calientito” en la carretilla de una señora emolientera, nosotros decidimos hacer lo mismo, para despertar y calmar un poco el frío de la madrugada. Constatamos con sorpresa que la “Custer” ya había llegado, muy puntual para las costumbres de por aquí, terminamos nuestra bebida, subimos nuestras mochilas a la parrilla y partimos a Cachora.

Cachora es un pueblito muy pequeño a dos horas y media de Abancay en el departa - mento más pobre del país Apurímac, y donde se presentan los índices más altos de pobreza extrema. Cachora ni siquiera aparece en los planos y probable - mente nunca lo hubiéramos conocido, si no fuera punto de partida para una de las rutas de caminata más esforzadas y hermosas que teníamos planeado realizar. Luego de dos horas por la carretera que une Abancay con Cusco, tomamos un desvió, es una carretera afirmada que empieza a descender, vueltas y vueltas y vueltas y al fondo el pueblo, que parece estar ahí no más, pero que no hay cuando llegar. Media hora después de contemplar la flor amarilla de la retama por todos lados y respirar los sembríos de anís y los bosques de eucaliptos ingresamos a la plaza.

Apenas se detuvo la Custer, un señor joven de aproximada - mente 40 años se acercó a la puerta, este era. Juan Serrano, quien junto a Zacarias Moreano, muy delgado, de piel cobriza, de apenas un metro sesenta, o tal vez menos se convirtieron en nuestros arrieros. Nos abastecimos de agua y desayunamos. Juan regresó con una manta para llevar nuestras mochilas a sus caballos. Pidió que uno de nosotros le ayudase, como estaba listo me ofrecí, mientras mis compañeros de aventura seguían comprando todo lo que podían en la bodega. Lo acompañe hasta el desvío a Curahuasi y me pidió que le esperásemos quince minutos.

Pasaron mucho más de quince minutos, mis compañeros de viaje seguían en el pueblo, a estas alturas ya eran algo mas de las once de la mañana, el sol del mediodía quemaba y me empezó a dar sueño, me recosté sobre una de las mochilas y estire las dos manos sobre todo el equipaje que tenía que cuidar, dormitaba, abría y cerraba los ojos, luchaba con mi sueño. Oí los cascos de un caballo acercarse hacía mí, levanté la cabeza y tras los rayos del sol encegueciendo mi vista apareció un jinete, estaba bastante ebrio, balbuceaba algunas palabras en quechua y se dirigía a mi.



- ¡No sé quechua!, ¡No entiendo nada!. ¿Puedes hablarme en castellano?

- ¡Te hago Taxi!. ¡Este es mi taxi! Dijo, golpeando las ancas del caballo.

- ¡No amigo, gracias!

- ¿Adónde vas gringo?

- No soy gringo. Soy peruano como tú y voy a Choquequirao.

- ¿Tienes un trago? Preguntó el borrachito.

- No señor, esto no es trago. Es agua.

- ¡Invítame!.

- Ya te dije que no es trago.

- ¡Miserable! ¡Invítame!

Tenía dos botellas de agua mineral en mi morrala, de medio litro cada una, abrí una de las botellas y se la di. Debe haber estado con un “caldero” terrible, pues de un solo trago se bebió la tercera parte de mi botella. Pero antes de ello, echo un poquito de líquido a la tierra, dirigió su mirada al cielo y pronunció muchas palabras en quechua, entre las cuales entendí: “Salcantay”, “Choquequirao” y “Apurímac”. Bebió y al devolverme la botella me dijo: “Ahora sí papá; pueden ir con bien, nada les pasará y volverán a salvo a contar sus aventuras. Yo he pedido por ustedes y los “apus” han respondido. Me pueden ir a buscar, para invitarles una cañita”.

No conté esta anécdota a nadie. Llegaron luego mis amigos y mucho después el arriero. La guarde para mí. Aquella bendición fue una experiencia que jamás hubiera imaginado, en los cuatro días de nuestra caminata, sentí la presencia de los apus, al cruzar el río Apurímac, al contemplar la cadena montañosa del Salcantay, al escuchar el silbido del viento mientras cruzábamos el abra, al ver al dios sol pintando de dorado al apu nevado, en la adrenalina recorriendo mi cuerpo cuando teníamos el complejo arqueológico a golpe de vista y al recorrer la “cuna de oro” inca. Los apus nos cuidaron y nos trajeron fortalecidos y transformados del mágico encuentro con Choquequirao.

GLOSARIO

Calientito: Bebida caliente, Infusión de yerbas con “caña”

Apu: Palabra quechua que significa señor excelso, relativo a los dioses. Todas las montañas, lagos y lagunas del ande son apus protectores.

Choquequirao: Palabra quechua, que significa cuna de oro.

Apurímac: Nombre del departamento, compuesto por dos palabras quechuas, apu = dios y rimac = hablador. “El dios que habla”


Feliz Navidad 2008

Motocross Manchay Pachacamac

Diciembre 2008 Manchay

¿Dónde esta el sol? II

El mercado de Huarmey se levanta tarde, son las seis y treinta de la mañana y busco donde tomar desayuno, luego de bastante caminar encuentro quien me prepare un juguito surtido y me prepare un par de sándwiches para mi desayuno.

La información que traía desde Lima era que a las siete de la mañana parte de la plaza de armas de Huarmey un microbús marisquero hacia “El Huaro”, mientras desayuno preguntó por el “bendito” microbús y nadie me sabe dar respuesta, luego del desayuno doy vueltas por la plaza preguntando a las pocas personas que encuentro y nadie conoce dicho servicio.

Cerca de las siete y treinta me dirijo al paradero de colectivos que lleva a Casma en la Panamericana, alguien me dijo que ahí podía preguntar por un chofer que tiene una camioneta “station vagon” 4 x 4 y que él podría hacerme taxi hasta “El Huaro”. Ya en el paradero, dicho chofer no había ido a trabajar, los otros chóferes lo conocían pero no sabían como se llamaba, menos su teléfono o donde vivía. “Se la habrá pegado”, me dijo uno de ellos, “no ves ayer ha sido feriado”. Como era cerca a las nueve de la mañana y probablemente el tipo estuviera descansando en los brazos de Baco, cambie de planes, un colectivo a Casma estaba listo para salir, me olvido del Huaro y me voy a la playa “La Gramita

Fui conversando con un gentil taxista, él era “casmeño” y al enterarse de que pensaba recorrer las playas caminando se preocupo por mi, manejaba y me iba diciendo, hay playas muy bonitas pero están lejos, al Huaro sólo se puede llegar en 4 x 4, los taxis no entran, la arena es muy blanda y los carros se quedan, ahí van sólo pescadores puede ser peligroso si va solo, ¿va a ir a Culebras?, ¿a Corralones?, ¿a la Gramita?, Tuquillo es un balneario bacán debería ir ahí.

Luego de media hora de sugerencias y consejos llegué al desvío que conduce a la playa “La Gramita”, es fácil de reconocer porque en el mismo lugar se encuentra un restaurante altamente recomendable con el mismo nombre.

Nuevamente a caminar, el camino nos conduce al campamento turístico “Las Aldas” al que se llega veinte minutos después. Son 10 y 20 de la mañana y el cielo aún esta nublado, ingreso al campamento y aparentemente esta vacío, empiezo a caminar por sus instalaciones, sus bungalows, en una parte alta, hay un espacio de administración y un mirador, desde ahí la playa se ve preciosa, a la izquierda la playa “La Gramita” a la derecha la playa “Las Aldas”, las formaciones rocosas llegan hasta la misma orilla y están repletas de gaviotas que se bañan con las olas que rompen en ellas. Sólo falta un detalle ¿Dónde esta el sol?.

Camino hacia la orilla y la brisa golpea mi cara, el espectáculo sería fabuloso si estuviera acompañado por un cielo celeste, a estas alturas ya perdí la esperanza de que salga el sol. Hacia el norte, al final de la playa hay una formación rocosa vertical, como un faro, decido ir hacia allá, mientras me acerco me doy cuenta que es un pequeño istmo que ingresa al mar, en lo mas alto de la roca hay un grupo de piqueros, estoy casi debajo de ellos, para mi sorpresa ninguno se va, me observan, dos pasos a la derecha buscando un mejor encuadre y decenas de cangrejos corren a esconderse entre las rocas.


Un ligero rayo de sol alumbra mi retorno, subo a un pequeño cerro para fotografiar un plano general del istmo, hace unos minutos la neblina no me permitía hacerlo.

Regreso al campamento las Aldas y a lo lejos veo gente circulando, me acerco y explico la razón de mi presencia a un simpático señor que vino a recibirme, luego de un fuerte apretón de manos y la invitación a acompañarlo me entero que estoy con Dante Scarpati, propietario del complejo turístico “Las Aldas” y promotor y propulsor del centro ceremonial “Las Aldas” ubicado a 20 minutos de su propiedad. El señor Scarpati no sólo me da algunos alcances de los descubrimientos donde se produjo el nacimiento de la civilización sudamericana hace 5000 años, si no que se ofrece a llevarme a Chankillo, Caral, Aspero y Vegueta. Le agradezco su gentileza y le digo que volveré en otra ocasión con amistades a hacer uso de sus bungalows y servicio de guiado.


Salí a la carretera a esperar que algún colectivo me lleve a “Culebras” o “Tuquillo”, luego de casi media hora en la carretera sin que nadie se apiadara de este caminante, un camión me dio el aventón, el chofer me explico que era muy difícil que encontrara un colectivo vacío que pudiera dejarme en “Culebras” pero que luego tendría el mismo problema de esperar en la carretera que alguien me recogiera, decidí entonces saltearme “Culebras” mi justificación era la misma que las anteriores, “la próxima con mejor sol y con más días, si la hago”.

Bajo del camión a las 2.20 de la tarde, luego de 25 minutos llego a la playa, las playas anteriores estuvieron vacías, aquí unos niños juegan tirándose arena, un papá con otros dos niños ingresan al mar con un bote inflable, mientras una pareja de enamorados, regordetes ambos, se juran amor eterno echados sobre la arena. El balneario apenas se veía pero había una formación rocosa que me pareció interesante a la que fui a fotografiar.

Por fin acabe con las fotos, los días no fueron los ideales pero confío que llevo material que será útil a la revista, por fin dejo mi mochila a un costado, me saco las medias y zapatos e ingreso al mar, las frías aguas relajan mis pies, luego de unos merecidos minutos caminado por la orilla empiezo el camino de retorno, prometo regresar para encontrar el sol que me fue esquivo en esta ocasión y para el chapuzón en el mar ancashino que le falto a esta aventura.

¿Donde esta el sol?

Acostumbrado a las playas de sur, abarrotadas de gente, de sus prósperos balnearios y de su comercial Eisha decidí irme al norte, a descubrir nuevas playas, nuevos destinos a sentir la paz y quietud de la naturaleza y uno mismo.


Luego de tomar el bus en el terminal de Fiori, no hay cuando salir de Lima, la congestión vehicular es tremenda Zapallal, Puente Piedra, Santa Rosa, Ancón son algunos de los lugares que hay que atravesar antes de llegar a la variante de Pasamayo. Recomendación, si va a salir en su 4 x 4 salga de madrugada, si es por bus lo mas temprano que pueda.

En Pasamayo advertí algo que iba a ser una constante en mi viaje, son los primeros días de noviembre y aun no es verano, la zona es de mucha nubosidad y aunque sé que las playas del norte chico están ahí abajo, no las veo, ya que están cubiertas por la neblina. Acaba la variante de Pasamayo e ingresamos al valle de Chancay, gran cantidad de terrenos de cultivo y de galpones de pollos nos dice que por fin salimos de Lima y que nuestro destino esta cercano.

Unos minutos antes de llegar a Supe pueblo hay un letrero en la carretera que nos dice que hemos llegado a Caleta Vidal (Km 180 de la Panamericana Norte) bajo del bus y sigo a pie por una trocha carrozable que me lleva a la plaza de un pequeño pueblito, son 30 minutos de camino aproximadamente, me indican que debo seguir caminando unos minutos mas para llegar a la playa, esta tiene forma de herradora, hacia el sur al fondo se ve un grupo de 20 o 30 botes, un par de ellos regresan a la playa, me acerco a ellos pensando ver pescado fresco y no tengo suerte están vacíos, me cuentan los hombres de mar que para la tarde recogerán sus chinchorros que acaban de colocar.

Un pequeño rayo de luz sale de entre las nubes e ilumina los botes, por fin, la luz, por fin tendré algo de color, saco la cámara y aprovecho para fotografiar las pequeñas embarcaciones descansando en la blanca arena. El cielo esta gris y la bruma que llega hasta la misma orilla le da una imagen fantasmal, las arañas de mar corren a lo largo de toda la playa mientras un grupo de gaviotas posan con una barca al fondo difuminada por la neblina para componer mi imagen.



Desde que salí de Lima tengo curiosidad por llegar a una playa sugestiva, se llama “Quita calzón” y la idea de que alguna vez fue una playa nudista recorre mi mente, no hay que imaginarse mucho para saber porque la llaman así, jejeje. Sabia que podía irse caminando desde Caleta Vidal hacia el sur pasando por otra bella playa llamada Lampay pero preferí salir al pueblo y tomar un colectivo que por seis soles me llevara a “Quita Calzon” y me regresara a Supe pueblo.

El chofer, de apellido Maldonado es un señor de aproximadamente sesenta años, su colectivo es un auto antiguo de esos que ya no se ven por Lima, con cambios al lado del timón, él me dice que la playa se llama así por la cantidad de cuevitas que hay en la base de los acantilados. ¿Ahí se quitaban los calzones? Seguramente me dice, mientras una carcajada de ambos acompaña la anécdota.

La playita “Quita Calzón” es una simpática playita de formaciones rocosas, el mar revienta con fiereza en sus rocas, hacia el sur se puede caminar por sobre ellas como quien entra al mar, las rocas están llenas de vida, cangrejos, choros, estrellas de mar. Aún es temprano son 3.30 de la tarde, la nubosidad hace parecer que fuera mas tarde. El señor Maldonado me comenta que en verano se instalan pequeños restaurantes de esteras donde se puede comer buen ceviche y platos del mar. Ahora no hay nada y como el hambre aprieta salimos con destino a Supe Puerto.

La tarde es triste con este clima, la playa “La Isla” se ve vacía, he visto fotos con un cielo hermoso y con mucha gente disfrutando de ella, con gente bañándose en sus tranquilas aguas o caminando hacia “La Isla” islote que le da el nombre a la playa. La foto así, será para otra ocasión. Tomo una movilidad para Barranca y llego de noche a Huarmey para mañana recorrer nuevas playas.