Sicán: El templo de la Luna

El viento sopla muy fuerte a esta hora de la tarde, tan fuerte como el sol que nos quema sin piedad, sol que pinta de color dorado esta hermosa caleta, final de un día lleno de paisajes, de gente amable, sabrosa comida pero en especial de historia.

Estamos en la caleta Santa Rosa, a 1 hora aproximadamente de Chiclayo, son las 6 de la tarde, el cielo es azul profundo y las viejas embarcaciones llenas de color descansan en la playa, algunos curtidos pescadores arreglan sus redes mientras caballitos de totora, de pie en la playa, componen el paisaje. Una pareja tomada de la mano camina por la orilla, es que cae la tarde y se torna romántica. Aquí no hay palmeras, ni resorts, ni restaurantes de lujo, pero la caleta, igual, nos parece paradisiaca. En el malecón, pequeños negocios de comida ofrecen toda la sabrosa variedad de la gastronomía chiclayana.

Nuestra aventura empezó a las 8 de la mañana, nos dirigimos a Ferreñafe a visitar el museo Sicán, que significa, en la antigua lengua Muchic, “El templo de la Luna”.
Sicán, fue también el nombre de un grupo de templos antiguos, situados en lo que en la actualidad es el Santuario Histórico de Pomac; reserva cultural y ecológica ubicada a 20 Kms al noreste de la ciudad de Chiclayo, en la ex-hacienda de Batan Grande y ahora distrito de Pitipo en el valle de La Leche.

El museo, es parte del Proyecto Arqueológico "Sicán," dirigido por el Dr. Izumi Shimada. Es un edificio de forma truncada, inspirada en los monumentales centros ceremoniales Sicán.

Al atravesar su fachada vidriada, ingresamos a un lobby que nos lleva a la segunda planta. Junto con nosotros ingresa una delegación escolar, un enjambre de buzos verdes y amarillos que con bastante orden y bien controlados por los guías del museo reciben un baño de historia y cultura local.
En el segundo piso, nos llama la atención la escenografía de un entierro de un hombre encontrado de cabeza, pero es mayor nuestro asombro cuando entramos al ambiente donde se encuentran las máscaras y tocados característicos de la orfebrería Sicán.

El personaje principal usaba una gran máscara de oro de 14 quilates, de ojos alados hechos con ámbar y cuentas de esmeraldas. Nos cuenta la guía que se encontró una caja con 60 ornamentos y parafernalia ritual (coronas, vinchas, sonajas) de oro de alto quilate y plata. Además, una litera cubierta con láminas doradas y 80 kg. de cuentas hechas de amatista, cuarzo, ámbar, turquesa, sodalita, crisocola y concha Spondylus. Evidenciando la presencia de una red de intercambio a larga distancia entre la costa ecuatoriana y la costa norte peruana. Por ello, esta zona fue por muchos años tierra de huaqueros. Los residentes de zonas aledañas hablan de la huaquería con mucho temor, reverencia y fascinación; se enorgullecen de haber visto “toneladas” de oro y otros objetos de metal huaqueado.

En esta ocasión nuestra crónica termina aquí, en nuestra libreta se quedan los apuntes para una segunda entrega, el día continuo con las visitas a las pirámides de Túcume y los museos de “Brunning” y el extraordinario “Tumbas Reales de Sipán”.

Ahora, como les contábamos al principio, el fuerte viento característico de la tarde Chiclayana nos golpea el rostro, nos guarecemos en uno de los huariques del malecon acompañados de mucho calor norteño. Nos traen la deliciosa tortilla de raya que devoraremos mientras muere el día en la caleta. Venga no se arrepentirá.



Marcela Pinto dijo
Lucho, qué genial tu artículo y lindas fotos... Qué ganas de escaparme al norte... Un saludote desde Cusco...
1 Noviembre 2006 | 03:50 PM