Donde nunca hayas ido
“Una vez al año, acude a un lugar al que nunca hayas ido antes”
Diariamente recibo archivos en mi correo, los hay de todo tipo, laborales (los menos), chistes, motivacionales, eróticos y hasta religiosos. Como en la canción “Cambalache” ahí están mezclados, “Don Chicho y Napoleón”. Sin embargo en medio de tanto mensaje impersonal, recibí uno supuestamente escrito por el Dalai Lama (eso decía la cadena). Lo leí y a diferencia de tantos otros que generalmente borro, este lo guarde. Obviamente borre el final, donde dice que me caerá mil y un maldiciones sino lo hago circular, cosa que afortunadamente no creo.

El 2006 fui a algunos lugares que nunca había ido antes, camine por un sector del Capac Ñan (camino inca) por espacio de 5 días junto con Rolly Valdivia y Miriam Torres, desde Huari a Huanucopampa, fue una ruta dura ya que la hicimos en temporada de lluvia en medio de lodazales y granizos, subiendo abras encima de 4000 mt, atravesando nubes (literalmente) en un amanecer nublado mientras el sol bostezaba frente a nosotros dándonos sus rayos a pocos, armando la carpa tratando de ganarle a la lluvia, o en cuclillas cubiertos por un plástico que nos cubría del granizo. Presencie como una alpaca se enamoraba de un holandés y baje una cuesta a la carrera hasta romper mis botas y mis rodillas, todo por alcanzar a mis acompañantes a quienes no se les ocurrió que este cronista debía detenerse de tanto en tanto para registrar con su cámara fotográfica lo que ustedes reciben tranquilamente en su oficina.

También me recibió Puno, la siempre postergada Puno, aún no voy a la fiesta de la Candelaria, tampoco he llegado a las iglesias de Juli, ni de Chucuito, ni a su parte selvática en Sandia, próximos viajes me llevaran por ahí, pero por fin conocí el lago Titicaca, en un viaje de 4 días en que compré telares en el local comunitario y subí por los interminables escalones de Taquile, dormí en la isla Amantaní, me vestí con un traje típico puneño y me levante a las 5 de la mañana, abrigado como un oso para fotografiar al sol en medio de las nubes y ver como se pinta de dorada la isla y de plateado el lago, en uno de los amaneceres mas hermosos que he contemplado. Recorrí la comercial ciudad de Juliaca en una mototaxi hacia el paradero de donde tome una cúster que me llevo a Lampa. Camine por la roja ciudad y aprecie la replica de la piedad en su iglesia, aprendí que los muertos también celebran los carnavales, con sus tumbas adornadas con globos, flores y serpentinas. Por la noche tome unas cervezas con un artesano Lampeño, un escultor que antiguamente había estudiado en Bellas Artes y que estaba mas ebrio que “níspero remojao en aguardiente”

Nos internamos en la sierra de Lima, llegamos primero a Jauja, para alquilar una camioneta que nos llevaría a Tanta, pueblo que en quechua significa “pan” pero donde no existe ninguna panadería, como pudimos comprobar. Nos alojamos en un humilde hostal llamado “El Yauyinito” donde también contratamos al arriero que nos internaría al reino del Apu Pariacaca. Hace años que había leído de la importancia de este dios de la serranía limeña, de su conflicto con el dios Wallayo Carhuincho y de cómo los extirpadores de idolatrías habían destruido su santuario. Pero fue con mis compañeros de otras aventuras, de caminatas por las playas de Marcona (Ivan Cabrejos) o de la extraordinaria expedición hacia Choquequirao (Renzo Miranda) con quienes me toco rendirle culto. Mi primera visión del Apu fue una imagen casi fantasmal apareciendo entre las nubes, luego caminar bordeando lagunas que reflejaban al imponente Pariacaca mientras recorríamos el antiguo camino inca que comunicaba con Lima, dormir afuera de una cueva con la pintura rupestre de un auquénido embarazado como cabecera de cama, levantarme temprano para preparar el desayuno junto con los arrieros en una cocinita improvisada entre las piedras y con bosta como combustible, subir por los peldaños del escalerayoc, dejar nuestra ofrenda en la apacheta y coronar el abra antes de presenciar el atardecer en el gran dios Pariacaca.
Puquio de madrugada junto con Gabriel Aller y Elizabeth Rojas fue solo el inicio de una excursión de 10 días por las provincias de Lucanas, Parinacochas y Paúcar del Sarasara. Oír a los puquianos, guitarra en mano cantar y cantar en una rústica peña mientras el frío se calaba hasta los huesos y entraba en calor tomando “calientitos” hasta no se que horas de la madrugada, perseguimos vicuñas, cóndores, vizcachas y parihuanas, vimos extasiados como tras una curva en el camino aparecieron los Andenes mejor conservados que haya visto en mi vida, kilómetros y kilómetros de tecnología ancestral de terrazas que aún se cultivan y cosechan como lo hacían antiguamente los “Wari”, en Andamarca. El sonido del arpa y el violín nos erizo los vellos del cuerpo mientras fotografiamos a los danzantes de tijera al caer la tarde y desayunamos papas con ají “capchi” junto con choclito y queso y un vasazo de leche de vaca recién ordeñada antes de partir a Coracora. Detuvimos la 4 x 4 en un lugar del camino que solo el chofer conoce y ascendimos hasta los 4700 m para llegar a “Huamanpercca” (muro del águila), subir hasta ahí fue brutal pero la recompensa fue almorzar “Uman canca” (cabeza de alpaca asada), al pie de una laguna y con el nevado Huargarazu como fondo, mas tarde, los primeros rayos de un nuevo día alumbraban un antiguo templo (incahuasi) minutos antes de llegar a la laguna de Parinacochas, templo cuyas bases son muros incas y que en el ingreso tiene la inscripción “aquí sobre las ruinas de la idolatría se adora y da culto al verdadero Dios” como testimonio de la presencia de los extirpadores, al lado de la ruinosa iglesia nos maravillamos con una vivienda y corral construidas sobre y con muros incas. Sentir como la inmensa luna llena nos acompaña a las ocho de la mañana al igual que los días anteriores, espectar la danza de las parihuanas volando paralelo a la laguna y ver una vicuña que corría sola muy cerca del Sarasara. El destino final nos llevo a un pueblo donde en 1605 se realizó la segunda escenificación del Quijote, el pueblo de Pauza de donde además es oriunda Elizabeth nuestra guía. Caminamos en medio de inmensos cactus en el cañón de los cóndores, dicen mas profundo que Colca y Cotahuasi. Los termales de Mirmaca son una delicia sobre todo si son cerca de las 10 de la noche, la luna nos ilumina como si estuviéramos de día y nuestros cuerpos cansados se relajan al final del viaje.

El valle de Majes nos recibe con su canotaje, sus camarones y su pisco, pero sobretodo para lo que fuimos, los petroglifos de Toro Muerto. En Arequipa tomamos un bus que nos lleva a Aplao, bajamos en Corire para caminar hasta la zona de petroglifos, fue una larga caminata en medio del desierto para descubrir la mas grande extensión de petroglifos en el Perú y ahí están sobre las piedras, danzantes, músicos, auquénidos, cóndores y cazadores, también están los estúpidos de siempre que depredan nuestros bienes, nombres esculpidos en la piedra junto con los petroglifos, con nombres y apellidos, algunas veces con lugar de procedencia para refregarnos en el rostro que también nosotros (no solo un par de chilenos) somos capaces de destruir nuestro patrimonio.

Nuevamente con Rolly Valdivia y esta vez con los muchachos de Andex, encabezados por Germán Chavez pise por primera vez Satipo, la selva de Junín, vi una canchita de fulbito llenecita de granos de café, desayune yuca sancochada con textura de mantequilla que se deshacía en mi boca, surque el río Tambo en una lancha para llegar a la comunidad de Coriteni Tarso, acampe en la ribera del río y dormí junto a una fogata escuchando historias del Tunche (demonio) y de las épocas del terrorismo, mas siniestras y terroríficas estas últimas, vi un Tucán por primera vez en medio de la selva y jugué con niños asháninkas antes de irnos de caminata hacia la catarata de Koari, nos internamos en la selva por casi 2 horas y me resbale y caí muchas mas veces que en toda mi vida antes de llegar a la espléndida caída de agua, vi a lo lejos la cordillera azul mientras regresaba a Satipo y recorrí 2 cataratas mas acompañado de la hermosa Miss Selva Central Lesli Blanco, maridaje perfecto de la sangre nativa con colonos italianos.

Y el final del año fue con broche de Oro, con la gente de la revista Rumbos con quienes nos fuimos a Chiclayo a celebrar los 10 años de circulación. Ya había ido a Chiclayo en muchas oportunidades pero era la primera vez que ingresaba al museo “Tumbas Reales” para apreciar, admirar y quedar con la boca abierta por toda la grandeza del Señor de Sipan, es indescriptible imaginar como se vería este señor delante de sus súbditos con tanto oro en el cuerpo, debía emanar tanto brillo que lo haría parecer un dios en persona. También llegamos a Ferreñafe para conocer a otro gran señor de ojos alados ataviado de oro y esmeraldas como fue el Señor de Sican y fotografiar pequeños barcos junto con caballitos de totora descansando en la caleta Santa Rosa al caer la tarde.

Como ustedes saben, soy un cronista de viajes, tengo el bicho de querer registrar y compartir lo que veo, escucho, huelo, como o siento. Ese espíritu que aún se asombra con las cosas nuevas que ve, que me puede hacer reír a carcajadas o hundir en la mas profunda de las tristezas. El 2007 habrán nuevas trochas por abrir, nuevos destinos por conocer y aunque el bolsillo este vacío y el Señor de Sipan no me salpique un poquitín de su riqueza, estas estarán acumuladas en el alma.



Rolly Valdivia Chávez dijo
Buena nota mi estimado Lucho.
He tenido la suerte de compartir contigo algunas de las travesías que describes y me emociona leer tus impresiones.
Espero que en el 2007 podamos recorrer otras rutas, con lluvia o granizo, o bajo el sol candente de la selva.
Saludos...
4 Enero 2007 | 12:03 AM