Los motivos decorativos representaban peces, redes, olas, pelícanos, lobos de mar y nutrias, lo cual nos indica la estrecha relación con el mar y el culto que se le rendía junto con la luna.

La ciudad de la eterna primavera estaba bastante fría cuando llegamos, el bus arribó cerca de las 7 de la mañana y nos dirigimos a la casa de una familia amiga para dejar nuestras cosas y recorrer la ruta que habíamos llegado a hacer, la ciudadela de Chan Chan.


Chan Chan es reconocida como la ciudadela de adobe precolombina más grande del mundo. El inmenso complejo se extendía sobre el desierto costero, frente al mar, a mitad de camino entre la ciudad de Trujillo y el balneario de Huanchaco, cubriendo un área aproximada de 20 kilómetros cuadrados. Fue la capital del reino Chimú, importante cultura preinca establecida en el valle Moche entre los siglos XII y XV.

Chan Chan quiere decir «sol-sol», jang-jang en el dialecto muchik. Está conformado por ciudadelas, plataformas, barrios populares y cementerios rodeados de murallas de hasta 13 metros de altura. Se cree que cada una de las ciudadelas fue construida por un gobernante del reino chimú, quien habría vivido con sus concubinas, su corte y sus sacerdotes.


Desde la carretera, pasando el muelle de Huanchaco y antes del balneario hay un desvío que nos lleva hacia el palacio Tschudi, principal templo restaurado al cual tenemos acceso los turistas. El boleto de ingreso nos permite visitar también el museo de sitio y las huacas “Esmeralda” y “Arco Iris”.

Al ingresar al palacio Tschudi nos recibe un único ingreso que nos lleva a un inmenso patio con paredes decoradas con frisos en altos relieves que representan peces nadando en ambos sentidos, lo que representaría las dos corrientes que marcan la costa peruana. Nos parece increíble el conocimiento y el dominio que tenían sobre el mar. Recorremos los diferentes patios, audiencias y corredores y nos maravillamos con la belleza, variedad y cantidad de muros decorados con representaciones de peces, redes de pesca, olas, pelícanos, lobos de mar y nutrias, así como combinaciones geométricas, que nos demuestran una vez mas, la estrecha relación con el mar y el culto que se le rendía junto con el culto a la luna.


Nos toma algo mas de una hora terminar el recorrido por el templo de Tschudi, aún nos falta el museo de sitio y las huacas de Arco Iris y Esmeralda, huacas que antiguamente se encontraban en el área de influencia de Chan Chan. Ahora, rodeadas por la ciudad y por construcciones modernas adquieren un carácter enigmático, donde el tiempo se ha detenido para que sigamos deleitándonos con sus hermosos frisos que nos hablan de una cultura en directo contacto con el mar.