Chacchado, tradición milenaria
"Continúa la práctica de masticar hoja de coca en Bolivia y el Perú. Los países de la región sufren las consecuencias de la fabricación ilícita y el tráfico de cocaína. La Junta exhorta a los gobiernos de Bolivia y Perú a que adopten medidas sin demora, con miras a abolir los usos de la hoja de coca que sean contrarios a la Convención de 1961, incluida la práctica de masticarla".
Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de Naciones Unidas
Los que hemos viajado por la sierra y hemos hecho caminatas por los diferentes Apus altoandinos hemos visto y participado de pagos a la tierra, hemos sido testigos de la solemnidad y la fe con la que se pide permiso al Apu para atravesar por su territorio ofreciendo unas hojas de coca al viento y derramando pequeños chorros de aguardiente (o cualquier otro liquido) a la pachamama en una ceremonia mágico religiosa, donde la gente del ande nos invita la hoja para “chaccharla” y ser de esa manera parte de su cosmovisión andina.

Las personas que vivimos en la costa, “los limeñitos” como diría nuestra ex primera dama, podemos creer que esta es una costumbre del indio que vive sobre los 4000 msnm, pero si este fuera nuestro pensar estaríamos completamente equivocados.
En setiembre del año pasado llegue a casa de un tío en Huancayo, él no estaba en casa pero llegó en un taxi a recibirme, una vez instalado en mi habitación me dijo:
- “Tengo que irme porque estamos en casa de tu tía shune”
- “¿Y yo no puedo ir”, respondí
- “Es que no te va a gustar”
- “Salvo que estén haciendo algo prohibido o que yo no deba enterarme”
- “No, no es eso, estamos chacchando coca”
Mi tío es un prospero empresario huancaíno. Es un poblador urbano, no se ha criado con los apus, tampoco esa noche ofrecían las hojas de coca a ningún dios andino, pero lo que experimente esa noche fue mágico e importante para mí. Ellos, mi familia, estaban reunidos, chacchando coca con un poco de cal, unos cigarros y caña, era una amena conversación familiar alrededor de las hojas de coca recordando a otro tío mío, fallecido hace unos pocos años, hermano de ellos y que justamente el día que yo había llegado era un aniversario mas de su nacimiento.

Hace tres semanas fui a la mina “San Genaro” en la provincia de Castrovirreyna, Huancavelica. Viaje en una de las camionetas de la empresa minera, con el chofer y un ingeniero, uno de los gerentes de la empresa. Uno de los últimos pueblos por los que atravesamos antes de llegar al campamento es justamente Castrovirreyna y en él, el ingeniero le dice al chofer:
- “¿Aquí podemos comprar coquita?”
- “Vamos a buscar en una de las bodegas” respondió el chofer
- “¿Tú tienes problemas con la altura?”, ¿quieres coca?” me preguntó el ingeniero
- “No tengo problemas con la altura pero si quiero un poco de coca”.
- “Cómprate dos soles de coca” le dijo al chofer, y dirigiéndose a mí dijo: “Sin la coquita no podría aguantar trabajar tantos días tan alto”.
El ingeniero de esta historia es una persona con maestría y doctorado en ingeniería y como les contaba uno de los principales gerentes de dicha empresa minera, vive en Surco y sube cada cierto tiempo a la mina. Cuando el chofer trajo la coca, chacchamos la coca en la camioneta hasta que llegamos a la mina, me guarde mi bolsita de un sol para seguir chacchando y tomando mates de coca los siguientes 3 días que estuve sobre los 4700 msnm haciendo fotos.
El “chacchado” es una costumbre milenaria de los pueblos altoandinos de Perú y Bolivia, la coca es usada en ceremonias religiosas de pago a la tierra y esta completamente vinculado a la cosmovisión del hombre andino. Es risible la recomendación de la ONU que insta a los gobiernos de Perú y Bolivia que tomen medidas para erradicar la costumbre del “chacchado” quizá la ONU cree que estamos en la época de la extirpación de idolatrías y que un decreto o una recomendación es suficiente para borrar una costumbre que esta arraigada en la identidad de nuestros pueblos.

Además, la hoja seca funciona como un agente estimulante y antifatigante y es usada por nacionales y extranjeros para contrarrestar el soroche. Ambas costumbres no tienen nada que ver con el narcotráfico y el consumo de cocaína. Los pueblos de Perú y Bolivia siembran coca porque los precios de la hoja de coca son altísimos y el mercado esta dispuesto a pagar esos precios por la fuerte demanda de los productores de cocaína. La recomendación de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU a los gobiernos de Perú y Bolivia debería dirigirse a políticas para el cultivo de productos alternativos que paguen tanto como la hoja de coca para que los agricultores prefieran sembrar otros cultivos y no coca.
Las cifras que manejan Enaco (Empresa Nacional de Coca) y el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática), dicen que en el Perú se producen 114.100 toneladas al año de hoja de coca de las cuales solo 9.000 corresponden a la demanda del consumo tradicional e industrial, es decir menos del 10%. El restante 90% va directamente a las pozas de maceración de las mafias. La ONU debería preocuparse más por los consumidores de cocaína y no pretender cortar la soga por el lado más débil.



Mario dijo
El peligro es que la bolsita para tu mate se convierta en una poza de maceracion nadie les va ha criticar sus costumbres, los campesinos saben muy bien que no necesitan tantas hectareas para abastecer a la poblacion en el uso del chacchado, infusiones, etc.
Aunque la industrializen las 120,000 hectareas que produce el Peru es demasiado volumen para pensar que solo son inofensivos campesinos impedidos de seguir con sus costumbres milenarias; incomprendidos por la sociedad moderna.
18 Marzo 2008 | 01:51 AM