KUELAP, un pueblo escondido entre nubes
Viajamos a la cima de una escarpada montaña flanqueada por barrancos de infarto para entregarles un reportaje donde reside la historia de una mítica y misteriosa ciudadela que aparece entre los bosques de un amanecer en la ceja de montaña.
La movilidad llegó hace unos minutos al terraplén llamado Marcapampa que sirve de estacionamiento en las proximidades del monumento. Es hora de estirar las piernas y caminar, algunos colibríes vuelan cerca de nosotros buscando orquídeas mientras camino, como hace algunos años, sobre los 3000 metros de altura.
Voy respondiendo las inquietudes de mis compañeros que vienen por primera vez. Sin proponérmelo me he convertido en su guía, veo en ellos la expectativa que tuve hace años y siento algo de envidia porque quisiera sentir lo mismo en esta ocasión. Terminamos de ascender la cuesta y veo nuevamente la inmensa pared convertida en dorada por la luz del amanecer y el asombro regresa a mí, como aquella primera vez, la emoción me eriza la piel ante la contemplación de la colosal obra arquitectónica Chachapoya.
Hemos viajado de madrugada desde el pueblo de Choctamal, donde nos alojamos la noche anterior, hemos escuchado al río Utcubamba afluente del Marañón, mientras avanzábamos en nuestra movilidad y pasábamos por los pueblos de Longuita y María antes de llegar al pie del recinto arqueológico. La niebla aún acaricia las montañas dándole un toque de misterio y misticismo. Son las seis de la mañana y contemplamos extasiados el amanecer en la gigantesca ciudadela Kuélap, situada en el distrito de Tingo, provincia de Luya, región de Amazonas. Convertido en guía, llevo a mis amigos al puesto donde debemos registrarnos.
La primera impresión para aquel que sólo ha escuchado de Kuelap es indescriptible, la enorme muralla tiene casi 600 metros de longitud y 20 metros de altura. Destaca nítidamente sobre la muralla la presencia de sólo dos estrechos ingresos; visto desde lejos da la impresión de una especie de tajo sobre el muro, tiene un ancho de sólo 3 metros. “Parece como si hubieran sacado un pedazo de torta”, dice Angela, que debe estar sintiendo los efectos del ligero desayuno.
“Se imaginan lo difícil que debe haber sido conquistar esta ciudadela”, le digo al grupo, mientras ingresamos por el corte del muro y ascendemos hacia la parte superior de la plataforma por la escalera colocada a raíz de la restauración del año pasado. Nuevamente el asombro se refleja en los rostros de mis amigos al ver las serpientes y el ave estilizada grabadas en el muro como señalando hacia donde debemos caminar. El ingreso se angosta cada vez más, en el último tramo hay dos grandes torreones circulares de piedra, uno a cada lado, si algún ejercito hubiera querido tomarlos por asalto hubieran tenido que ingresar en fila de uno, siendo literalmente imposible.
No todo es monumental en Kuélap, los muros de la ciudad son de piedra caliza aunque difieren de la arquitectura inca, los recintos son circulares y presentan frisos de forma geométrica así como algunas salientes que serian para protección de la lluvia, al recorrer la ciudad vemos hornacinas, ventanas y morteros, hay evidencias que sugieren que estos muros estuvieron enlucidos y posiblemente decorados con pinturas en su interior. Todo este esplendor en medio de la selva, rodeados de vegetación que nos hacen sentir, descubridores y aventureros en medio de un escenario salvaje.

A la izquierda se encuentra “El Tintero” quizá la estructura mas importante en Kuelap, caminábamos hacia ese lugar cuando llegó un equipo de National Geographic para entrevistar al arqueólogo Alfredo Narváez, director del proyecto integrado por el Plan Copesco y la Dircetur. Narváez ha llegado a la conclusión de que el Tintero, fue una especie de templo mayor que cumplió funciones ceremoniales y rituales, donde se halló cerca de veinte entierros humanos, acompañados de vasijas fragmentadas pertenecientes a la cultura Cajamarca y objetos en miniatura de la cultura Chachapoyas, así como restos de conchas spondyllus, sacrificios de animales, ofrendas de maíz y figurinas de estilo inca.
Al caminar por los alrededores del Tintero guío a mis amigos a lo que para mi es tan increíble como la muralla misma, no es sólo la arquitectura, ni los frisos geométricos, ni la vegetación circundante, sino principalmente su ubicación, debajo de lo que sería el final de la terraza sobre la cual esta la ciudadela, se encuentra un abismo de


YU dijo
Enigmatico... aun me acuerdo cuando llegamos los Trekkin Meigs... llovía, nos pusimos nuestros ponchos impermeables, subimos, subimos y la imponente pared frente a nosotros nos llenaba de felicidad. Esa felicidad que solo embarga a un peruano cuando conoce su tierra, su pasado... es decir: lo nuestro. Tengo mas de 200 fotos de esta maravilla. Fotos que me traen a la mente los día hermosos que pasé junto a mi grupo de caminata. Un beso... YU
16 Septiembre 2008 | 04:19 AM