DANZA MAMITA CANDELA
Muchas personas caminan al igual que nosotros raudamente, aún no son las 7 de la mañana y amaneció hace mucho rato ya, en la capital altiplánica. Al llegar al frontis de la iglesia nos cruzamos con Jorge Albitez y dos de sus amigos, miembros de la diablada San Antonio, vestían de diablos, tres rojos diablos frente a la catedral con sus trajes de luces. La imagen era el resumen de la fiesta, sincretismo religioso total. El bien y el mal juntos. Esto era la Candelaria, esto era lo que había venido a fotografiar y esto recién empezaba.
Luego de una improvisada sesión fotográfica, nos despedimos agradecidos de Jorge y sus amigos, luego de una pequeña incursión por el mercado para desayunar, llegamos al estadio Torres Belón, hoy domingo 07 de Febrero, se inicia la Octava de la virgen, hoy se presentan aproximadamente 30,000 bailarines y 5,000 músicos de todo Puno, quienes danzarán al compás de sikuris, pujllay, wiphalas, morenadas, diabladas, que con su multicolor coreografía participarán del Concurso Regional de Danzas en trajes de luces, organizado por la Federación Regional de Folklore.
Fue el Inca Túpac Yupanqui, quien llegó desde el Cusco a imponer su dominio a los reinos altiplánicos utilizando para ello la reciprocidad, imponiendo mitimaes procedentes de diferentes pueblos. Así fueron llevados al Qollao, tribus Chimú, Chanca, Nasca, Yarowilca, Cañaris y de otras zonas del Perú, inclusive Otavalos, Lampatos y Chanas, procedentes de Quito, quienes se unieron y fusionaron con las culturas Pucara, Tiawanaco, Uro y Puquina, permitiendo así una "múltiple presencia de etnias", cada uno con su propia cosmovisión y que con el tiempo, permitieron lo que hoy disfrutamos, la presencia de la más grande variedad de vestuarios, costumbres y danzas del Perú.
Es temporada de lluvias en toda la sierra, desde Lima había viajado con el temor que pudiera llover, le exprese mi preocupación a Milton, colega que en ese momento compraba una gorrito de cartón, pero la señora Virginia, la vendedora de los gorritos, me respondió "no se preocupe joven, hoy no lloverá, los danzantes le pidieron anoche a la virgen su bendición, ningún año llueve en Octava". Debe ser cierto, el cielo se mostraba maravilloso.
Junto con la conquista española llegaron los sacerdotes jesuitas encargados de la evangelización estos difundieron, en la región del Collasuyo, el culto a la Virgen, lo que produjo una mezcla del culto católico con el de los nativos. La virgen de la Candelaria, "Mamacha Candela", "Mamita Canticha" o "Mamá Candi", es la Patrona de la ciudad de Puno, los pobladores del Qollao la identificaron con la Pachamama, una divinidad femenina que simboliza la fecundidad de las plantas, de los animales y del hombre, culto que no pudo ser destruido. Muy sutilmente la virgen ha reemplazado a esta divinidad andina, como muy sutilmente también los indígenas conservaron su fe, sus bailes y sus adoraciones a la madre tierra, por eso si uno observa a la Virgen con detenimiento verá que esta tiene forma de cerro, de esa forma engañaron a los españoles.
En el estadio las agrupaciones se presentan conforme a un orden prestablecido, cada grupo tiene ocho minutos para elevar sus honores a la mamita y competir por el orgullo de su respectiva comunidad o pueblo. Ahí están los danzantes, bajo un sol aterrador, sudorosos, deshidratados, por horas de esfuerzo, bajo el calor inclemente. Las incontables polleras giran, saltan, se elevan al cielo. Suenan los pitos, las matracas, los sikuris, junto con las mejores bandas de Puno y Bolivia. No hay puneño, o hijo de puneño venido de Lima, que no baile en la fiesta, hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños, no cesan de bailar para la Virgen, agradeciéndole así los beneficios y milagros que les permiten seguir viviendo.

Por los parlantes anuncian la presencia de Miss Perú Universo, Karen Schwarz y los bailes cesan por unos minutos, el público busca encontrarla en las tribunas, pero ella ya no esta ahí, se encuentra rodeada de autoridades locales, quienes aprovechando sus 5 minutos de gloria, abrazan a la reina y se toman fotos con ella, la invitan a ingresar a la pista de baile para que salude a su público, ella luce un traje estilizado de la diablada preparado especialmente para el concurso de trajes típicos para el evento de Miss Mundo, sólo una reina podía parar los festejos a la virgen.
Dicen que los Jesuitas de Juli inquietos por la inclinación de los nativos por el baile y el canto, les habían enseñado una danza que representaba los siete pecados capitales y el triunfo de los ángeles sobre los demonios. Así nació la diablada, hoy, en la gran plataforma del estadio bailan "diablos" con máscaras de colores, ojos saltones, cuernos retorcidos, sello del altiplano peruano, capas doradas, bordadas con hilos de oro, plata y pedrería, prendido a la espalda llevan un pañolón grande bordado con figuras zoomorfas, calzan botas de media caña y cubren sus manos con guantes portando pañuelos de diversos colores que baten durante la ejecución de la danza. La mayoría son trajes alquilados, de estreno, elaborados durante todo el año por los cientos de artesanos de la calle Laycacota. La competencia es intensa, orlas, plumas, pedrería, colorido y vistosidad.
Los "caporales" representan a lucifer con trajes adornados con espejos, su danza es fuerte, majestuosa, viril y a su lado danzan las "chinas diablas" que tientan al mismísimo lucifer, dicen que las juliaqueñas, bandidas ellas, trajeron a Puno la costumbre de las minifaldas, estas cada año se hacen mas cortas, lucifer agradece y nosotros también. Los periodistas estamos pendientes de ellas, quienes sonríen, coquetean, mueven sus caderas, seducen, diablas ellas, sus microminifaldas dejan admirar sus hermosas piernas torneabas por las miles de horas de ensayo de la danza, "no se que tiene, saya morena, ese tu baile sensual", dice la canción, vence el diablo, se apodera de nosotros la lujuria.
Acompañan la danza ángeles arcabuceros y otros personajes de iconografía zoomorfa como osos, gorilas, zorros, calaveras entre otros. El calor es insoportable, defensa civil echa manguerazos de agua a las tribunas para refrescar a los espectadores, ya es más de medio día, la gente esta eufórica, delira.
Una bebita que apenas se puede mantener en pie se mueve al ritmo de la diablada, su madre, diableza ella, danza alrededor de la "chinita diabla", mueve la capa negra, le sonríe, le enseña a coquetear, es que la danza es así, nace en el vientre, viene con los genes, seduce. Acaba el baile y me acerco a ellas para pedirles una foto, se acerca también un oso, ella levanta orgullosa a su hija, él se saca la máscara, abraza a su esposa y posan para mi imagen.
Corro a la explanada nuevamente, una hermosa puneña baila la wacawaca, sus movimientos de cadera me cautivan, le apunto con mi cámara, ella me devuelve una sonrisa, las cerca de 30 polleras que tienen en el cuerpo se elevan, cubren su rostro y lucho por lograr la imagen, esa que me permita llevarme el lindo rostro de la joven que me enamora con sus polleras al vuelo.
Un ejercito de sikuris, con ponchos rojos y sombreros con plumas ingresan a la pista de baile, sus compases parecen venir de los apus, cada músico se esfuerza por soplar más fuerte las cañas, cada conjunto interpreta su melodía en una competencia musical que se mantiene por varios minutos, se eriza mi piel al escuchar las notas y el estrado se emociona, vibra, explota, son los sikuris de Puno, la mayor expresión grupal de música andina.
Cae la tarde, los disfraces de los diablos cobran vida, sus rostros se transforman, sus imágenes son tenebrosas, fantásticas, el día ha sido agotador, pero los diablos, reyes morenos y chinas diablas siguen bailando, los que ya terminaron su presentación en el estadio, danzan por las calles, el concurso transcurre durante todo el día y concluye alrededor de las 5 de la tarde, pero el baile no concluye, seguirán bailando, durante la noche, durante la madrugada y con la fuerza telúrica de sus cerros, de sus apus, de sus huamaníes seguirán bailando hasta mañana, hasta siempre.

